La república imperial: cuando todo el poder cabe en una sola oficina
Sofía Castillo
Editorialista y defensora de derechos civiles. Abogada por la UNAM con especialidad en libertad de expresión y derecho a la información.
Ensayo sobre la concentración de facultades en el Ejecutivo federal y el debilitamiento sistemático de los órganos autónomos como contrapeso democrático.
Los órganos autónomos fueron diseñados para una función específica: impedir que el poder se concentre. Son el sistema inmunológico de la democracia, las instituciones que dicen "no" cuando todos los demás dicen "sí".
La extinción programada
En los últimos tres años, siete órganos autónomos han sido eliminados o vaciados de facultades. El INAI, el IFETEL, la COFECE, la CRE — cada uno representaba un límite a la discrecionalidad del poder. Su desaparición no fue accidental ni pragmática: fue ideológica.
El argumento de la austeridad —"cuestan mucho y sirven poco"— es una simplificación que ignora deliberadamente el papel estructural de estas instituciones. El costo de mantener al INAI era de 900 millones de pesos anuales. El costo de no tener un organismo de transparencia es incalculable.
Lo que viene
Sin órganos autónomos, la rendición de cuentas depende exclusivamente de la buena voluntad de quien gobierna. Y la historia —mexicana y universal— nos enseña que la buena voluntad no es un mecanismo institucional confiable.
Una república donde todo el poder cabe en una sola oficina ya tiene nombre. Solo que todavía no nos atrevemos a pronunciarlo.